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El amor: la magia intrínseca del ser


Ángel de la Fe

Te siento, 
en algún rincón de la existencia
me has visto volar hacia Ti,
y  hoy nos volvemos a encontrar,


Vida en familia


Realismo y fe, frente a la enfermedad
                                         14 Junio 2013. Blanca López - Ibor 
«Todo médico sabe cuándo comienza la vida y cuándo termina. Eso lo sabemos desde el momento que pisamos la Universidad, donde nos enseñan a curar enfermos y a luchar por la vida»
      La doctora Blanca López-Ibor, Jefa de Oncología Pediátrica del hospital Montepríncipe de Madrid, habla por su fe, pero también por su propia esperanza. «Los niños siempre me dan una lección de vida, de esperanza, de fortaleza ante el miedo, de trascendencia», cuenta en esta entrevista a Anabel Llamas, para el semanario ‘Esta hora’, del Arzobispado de Oviedo
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Ejercitando el corazón



Enseñar a los niños a orar

Orar en familia puede ayudar a la unión familiar y a cultivar la espiritualidad universal en conjunto con la sensibilidad natural en los niños (as). He aquí un ejemplo de una bella oración acoplada a ellos (as).

“Oh Mi Señor te pido por favor que me cuides en el sendero hacia Ti  y que cuides a mis seres queridos, a mi padre, a mi madre, mis hermanos...

Ejercitando el corazón



Enseñar a los niños a orar

Orar en familia puede ayudar a la unión familiar y a cultivar la espiritualidad universal en conjunto con la sensibilidad en los niños (as). He aquí un ejemplo de una bella oración acoplada a ellos (as).

“Oh Mi Señor te pido por favor que me cuides en el sendero hacia Ti  y que cuides a mis seres queridos, a mi padre, a mi madre, mis hermanos, mis vecinos, mis paisanos, la gente del mundo y a todos los animales, que todos ellos sean recibidos por Ti, que todos ellos me recuerden sobre ti. Oh Mi Señor te quiero pedir para que en esta vida yo pueda ser un amiguito de los demás, sincero, amoroso, humilde. Oh MI señor permíteme siempre recordarte así como lo estoy haciendo en este momento y permíteme ser un buen hijito tuyo, un buen representante en este camino por este mundo. Te agradezco, quiero tocar tus pies, quiero cantar Mi Señor déjame ser tuyo, tuyo, tuyo para siempre, eso es lo único que te pido. Om, Shalom, Amén"

Invocar toda la fuerza divina con nuestras oraciones, invocar continuamente su presencia cuando lo necesitemos, llamarlo y pedirle que nos de claridad para actuar en la mejor forma incrementará nuestra Fe saludable en la vida, en la potencialidad positiva de nuestro ser y brindará a los niños la posibilidad de confiar en su propia espiritualidad, en un mundo cada vez más consumista y competitivo, confiar en la divinidad vale la pena!

BAPUH
Vida en familia


Realismo y fe, frente a la enfermedad
                                         14 Junio 2013. Blanca López - Ibor 
«Todo médico sabe cuándo comienza la vida y cuándo termina. Eso lo sabemos desde el momento que pisamos la Universidad, donde nos enseñan a curar enfermos y a luchar por la vida»
      La doctora Blanca López-Ibor, Jefa de Oncología Pediátrica del hospital Montepríncipe de Madrid, habla por su fe, pero también por su propia esperanza. «Los niños siempre me dan una lección de vida, de esperanza, de fortaleza ante el miedo, de trascendencia», cuenta en esta entrevista a Anabel Llamas, para el semanario ‘Esta hora’, del Arzobispado de Oviedo.
      La mayoría de sus pequeños pacientes se curan, pero no todos. Sin embargo, la doctora entiende que su trabajo no termina ahí, y cada quince días mantiene reuniones con padres de niños en el Cielo. «El tiempo no cura nada: el amor por un hijo está fuera del tiempo y del espacio», dice.
¿Cómo ser creyente y médico, cuando la ciencia parece ir desvelando poco a poco las respuestas a todas las incógnitas que el hombre desconocía?
      Yo vengo del ateísmo militante, es decir: ya he estado allí y sé cómo se siente uno. Lo que nos pasa a los médicos es que no necesitamos a Dios en nuestras vidas, pensamos que la ciencia lo va a explicar todo, pero al final, es una realidad que a medida que avanza el conocimiento científico, cosas que antes no tenían explicación hoy las tienen. Sin embargo, este planteamiento es muy simple. Llega un momento en que te das cuenta que el ser humano no son solamente células. Aparte de ser bioquímica pura, hay una mente y un espíritu. Para llegar a esta conclusión, el médico se tiene que sentar y pensar. Y vemos entonces que no somos Dios, que el ser humano nace y muere, hagamos lo que hagamos.
Sin embargo, hoy más que nunca debatimos sobre el aborto y la eutanasia como supuestos derechos. Los médicos tienen mucho que decir al respecto...
      Pienso que cada ser humano y cada médico se va a dormir con las decisiones que toma cada día. Todo médico sabe cuándo comienza la vida y cuándo termina. Eso lo sabemos desde el momento que pisamos la Universidad, donde nos enseñan a curar enfermos y a luchar por la vida.
      Cuando nos arrogamos el poder de decidir quién vive y quién no, dejamos de ser médicos y nos convertimos en otra cosa. Hay que darse cuenta de dónde estamos, qué es lo que somos, por qué uno decidió ser médico y con quién está lidiando −un ser humano que sufre, que está enfermo−, y qué pinta él en eso, si eres un mero técnico, o si también tienes que ayudar a recorrer un camino doloroso.
      Todos opinan sobre la vida: abogados, políticos, asociaciones, pero al final, la realidad es que es el médico el que está delante de cada enfermo. Por eso insisto tanto en que todos tenemos diez minutos para pensar en dónde estoy, en si me estoy dejando llevar por una corriente que no es la mía. No todas las preguntas tienen respuesta, y más este tipo de preguntas. Pero se trata de buscar lo que te da paz. Si te da paz, es lo correcto. Si no te la da, no lo es. El médico que acabe con la vida de un feto no sentirá paz, y lo digo por la profunda experiencia de haber pasado por ahí.
¿Cómo luchar contra el sentimiento de sentirse abandonado por Dios en medio del dolor y la enfermedad?
      Esto es justo de lo que voy a hablar en la conferencia. No estamos solos. Jesús nos dijo «yo me quedaré con vosotros hasta el fin del mundo». Y efectivamente se queda dentro del Sagrario, de las personas, lo puedes encontrar en la mirada de una persona, en un momento concreto. Pero además, el dolor y el sufrimiento es un misterio: y ante eso, o te repliegas y te quedas quieto, o te pones en camino tratando de buscarle un sentido. Me parece que Dios es mucho más de echar a caminar y buscar respuestas. En ese sentido, yo quiero seguir un camino, y en ese camino convertirme en un bastón de la gente que sufre.
¿Cómo acompañar y ayudar a un hijo enfermo?
      Yo siempre les digo a los padres que, cuando pongan un pie en el suelo por la mañana, se pregunten qué están haciendo aquí. Y la respuesta debe ser acompañar a un hijo que, en el camino de su vida, tiene que recorrer un tramo difícil. No quiero padres que se miren el ombligo que digan ¡qué horror!, sino padres en marcha ayudando a sus hijos, para que sean adultos sanos, social, y espiritualmente también.
Vive a diario rodeada de enfermedad. ¿Cómo mantiene la paz interior y la alegría?
      El 80% o más de los niños con cáncer en España se curan. Es importante integrar la enfermedad en la vida normal de un niño, para ayudarles a ser adultos equilibrados. Por otro lado, respecto a los niños que se van al cielo: si no puedo curarles a ellos, intento curar a los padres. Cada 15 días me reúno con un grupo de padres: el ser humano sabe encontrar dentro de sí mismo la respuesta a que la muerte no es una ausencia, sino un cambio de presencia. El tiempo no cura nada: el amor por un hijo está fuera del tiempo y del espacio. Esto no lo digo yo, es lo que ellos me han enseñado. Yo sólo soy un instrumento, y como tal, trato de ser lo más afinado posible, poner todo mi esfuerzo intelectual al 100%, y con el mayor cariño. Y después entender que la vida y la muerte no está en mis manos.
¿Influye la actitud del enfermo ante la enfermedad?
      Hay toda una filosofía ante el cáncer sobre esto, que es un poco el logo de Obama, muy americano: si quieres, puedes. Se transmite eso a los enfermos, pero cuánta gente quiso curarse y no se curó. No es tanto el pensamiento positivo sino el realismo. No puedo modificar eso pero sí mi actitud frente a eso. Por supuesto soy un médico que quiero saber, y que el día que me muera mi primera pregunta será ésa: por qué un menor enferma. Pero la esperanza va más allá de la muerte. Estamos en manos de quien nos creó y nos quiere con locura, y eso nos lo demostró. Además, los niños siempre me dan una lección de vida, de esperanza, de fortaleza ante el miedo, de trascendencia.
FUENTE: Almudi.org


Vida en familia

Carta a un hijo



Con cariño... para los que somos padres y para los que algún día lo serán...

Era una mañana como cualquier otra. Yo, como siempre, me hallaba de mal humor. Te regañé porque te estabas tardando demasiado en desayunar, te grité porque no parabas de jugar con los cubiertos y te reprendí porque masticabas con la boca abierta.


Comenzaste a refunfuñar y entonces derramaste la leche sobre tu ropa. Furioso te grité violentamente para que fueras a cambiarte de inmediato.


Camino a la escuela no hablaste. Sentado en el asiento del auto llevabas la mirada perdida. Te despediste de mi tímidamente y yo sólo te advertí que no te portaras mal.


Por la tarde, cuando regresé a casa después de un día de mucho trabajo, te encontré jugando en el jardín. Llevabas puestos tus pantalones nuevos y estabas sucio y mojado.


Frente a tus amiguitos te dije que debías cuidar la ropa y los zapatos; que parecía no interesarte mucho el sacrificio de tus padres para vestirte. Te hice entrar a la casa para que te cambiaras de ropa y mientras marchabas delante de mi te indiqué que caminaras erguido. Más tarde continuaste haciendo ruido y corriendo por toda la casa. A la hora de cenar arrojé la servilleta sobre la mesa y me puse de pie furioso porque no parabas de jugar. Con un golpe sobre la mesa grité que no soportaba más ese escándalo y subí a mi cuarto. Al poco rato mi ira comenzó a apagarse. Me di cuenta de que había exagerado mi postura y tuve el deseo de bajar para darte una caricia, pero no pude. Cómo podía un padre, después de hacer tal escena de indignación, mostrarse sumiso y arrepentido?


Luego escuché unos golpecitos en la puerta. 'Adelante' ... dije, adivinando que eras tú. Abriste muy despacio y te detuviste indeciso en el umbral de la habitación. Te miré con seriedad y pregunté: ¿Te vas a dormir? ... ¿vienes a despedirte? No contestaste. Caminaste lentamente con tus pequeños pasitos y sin que me lo esperara, aceleraste tu andar para echarte en mis brazos cariñosamente. Te abracé... y con un nudo en la garganta percibí la ligereza de tu delgado cuerpecito. Tus manitas rodearon fuertemente mi cuello y me diste un beso suavemente en la mejilla.

Sentí que mi alma se quebrantaba.

'Hasta mañana papito' me dijiste.

¿Qué es lo que estaba haciendo?

¿Por qué me desesperaba tan fácilmente?

Me había acostumbrado a tratarte como a una persona adulta, a exigirte como si fueras igual a mí y ciertamente no eras igual.

Tu tenias unas cualidades de las que yo carecía: eras legítimo, puro, bueno y sobretodo, sabias demostrar amor.

¿Por qué me costaba tanto trabajo?

¿Por qué tenía el hábito de estar siempre enojado?

¿Qué es lo que me estaba aburriendo?

Yo también fui niño.

¿Cuándo fue que comencé a contaminarme?

Después de un rato entré a tu habitación y encendí con cuidado una lámpara. Dormías profundamente. No pude contener el sollozo y cerré los ojos. Una de mis lágrimas cayó en tu piel. No te inmutaste. Me puse de rodillas y te pedí perdón en silencio. Te cubrí cuidadosamente con las cobijas y salí de la habitación. Si Dios me escucha y te permite vivir muchos años, algún día sabrás que los padres no somos perfectos, pero sobre todo, ojalá te des cuenta de que, pese a todos mis errores, te amo más que a mi vida.


Anónimo




Vida en familia



"¿Cómo es posible sobrevivir donde no se sobrevive?", se preguntó.


"Sobrevivimos porque hubo liderazgos, toma de decisiones y espíritu de equipo, porque nos conocíamos desde mucho antes", dijo. "En la vida el factor suerte es fundamental. Cuando llegué al aeropuerto de Montevideo no daban número de asiento para el avión. A mí me tocó, de casualidad, la fila 9, junto a mi mejor amigo. Cuando el avión chocó en la montaña, se partió en dos. De la fila 9 para atrás no quedó nada. Los 29 sobrevivientes al primer impacto viajaban en la parte que quedó a salvo. De ellos, dijo, 24 no sufrieron un rasguño.

Así, los menos golpeados empezaron a ayudar, actuando como un verdadero equipo. Administramos barritas de chocolate y maní al punto de comer un grano por horas cada uno.
Marcelo, nuestro capitán y líder, asumió su rol para contenernos cuando le preguntábamos qué pasaba porque no llegaba el rescate. Decidimos aguantar. Pero días después el líder se desmoronó. La radio trajo la noticia de que había concluido el rescate.

¿Cómo hubieran reaccionado ustedes? El líder se quiebra, se deprime y deja de serlo. Imagínense que yo cierro esta sala, bajo la temperatura de -14 grados sin agua ni comida a esperar quién muere primero. Ahí me di cuenta de que al universo no le importa qué nos pasa. Mañana saldrá el sol y se pondrá como siempre. Por lo tanto, tuvimos que tomar decisiones.

En la noche 12 o 13 nos dijimos con uno de los chicos: «¿Qué estás pensando?» «Lo mismo que vos. Tenemos que comer, y las proteínas están en los cuerpos.» Hicimos un pacto entre nosotros, era la única opción. Nos enfrentamos a una verdad cruda e inhumana.

Hubo planificación, estrategia, desarrollo. Cada uno empezó a hacer algo útil, que nos ayudara a seguir vivos: zapatos, bastones, pequeñas expediciones humanas. Fuimos conociendo nuestra prisión de hielo. 'Hasta que me eligieron para la expedición final, porque la montaña nos estaba matando, nos debilitaba, se nos acababa la comida. Subí aterrado a la cima de la montaña con Roberto Canessa. Pensábamos ver desde allí los valles verdes de Chile y nos encontramos con nieve y montañas a 360 grados.

Ahí decidí que moriría caminando hacia algún lugar.

Entonces sobrevino el momento más inesperado. Pero esta no es la historia que vine a contar, avisó. Y contó que su verdadera historia empezó al regresar a su casa, sin su madre ni su hermana, sin sus amigos de la infancia y con su padre con una nueva pareja.

"¿Crisis? ¿De qué crisis me hablan? ¿Estrés? ¿Qué estrés? Estrés es estar muerto a 6000 metros de altura sin agua ni comida', enfatizó". Recordó un diálogo fundamental que tuvo con su padre:


"Mira para adelante, anda tras esa chica que te gusta, ten una vida, trabaja. Yo cometí el error de no decirle a tu madre tantas cosas por estar tan ocupado, de no compartir tantas festividades con tu hermana, no darme el tiempo de platicar con ellas mis vivencias, no decirles cuanto las amaba". Y cerró, determinado:


"Las empresas son importantes, el trabajo lo es, pero lo verdaderamente valioso está en casa después de trabajar: la familia. Mi vida cambió, pero lo más valioso que perdí fue ese hogar que ya no existia al regresar."


Texto proporcionado por Adity dd




Vida en familia

Padres, madres e hij@s

"Enseñarás a volar,
pero no volarán tu vuelo.

Enseñarás a soñar,
pero no soñarán tu sueño.

Enseñarás a vivir,
pero no vivirán tu vida.

Sin embargo...
en cada vuelo,
en cada vida,
en cada sueño,
perdurará siempre la huella
del camino enseñado."

Madre Teresa De Calcuta